Concurso Einstein: primer premio categoría investigadores

¿POR QUÉ EINSTEIN HOY? EL CIENTÍFICO, LA PAZ Y LA IGUALDAD

Autor: Dr. Rodrigo Laham Cohen,
UBA / CONICET

Abstract

Este trabajo se propone analizar la actividad política de Einstein en relación a la paz mundial y a los derechos civiles. Se pondrá de relieve que uno de los más importantes científicos del siglo XX no se limitó a la labor académica sino que, incluso en contextos adversos, impulsó causas que afectaban al conjunto de la humanidad. Su lucha por evitar conflagraciones entre Estados y por lograr la igualdad entre los individuos lo torna un personaje histórico cuya valía excede sus famosos aportes a la física. Presa de un tiempo violento e irracional, quien fuera premio Nobel de física en 1921, se mostró siempre equilibrado y dispuesto a tomar las decisiones que consideró correctas en el marco de sus claras y públicas convicciones. Precisamente tales características hacen de Albert Einstein un ejemplo a imitar, no solo en el campo científico sino también en la acción cotidiana de todo sujeto que aspire a mejorar el mundo.

Introducción

“¡Yo podría haber imaginado que harían de mí un santo judío, pero jamás hubiese pensado que me convertirían en uno protestante!” – comentó jocosamente Albert Einstein al ver, en la Riverside Church de Nueva York una estatua suya que lo retrataba como un santo1. La anécdota sucedió en 1930, nueve años después de que Einstein ganara el premio Nobel de física. Es que, a diferencia de otros sujetos brillantes, Einstein pudo gozar de prestigio y reconocimiento en vida. No sería la única estatua que erigirían en su honor. Tampoco será la última aquella que acaba de ser presentada en la Universidad hebrea de Jerusalén con motivo de los 100 años de la publicación de la Teoría General de la Relatividad.

El reconocimiento que le había realizado la Riverside Church no era producto exclusivo de sus investigaciones. A lo largo de su vida Einstein se comprometió con diversas actividades que excedían la esfera científica. De hecho, consciente de la posición y la visibilidad que había adquirido gracias a sus pesquisas, se inmiscuyó en causas que afectaban a toda la humanidad. Su pacifismo y su lucha por los derechos civiles de los negros en Estados Unidos son muestras claras de un hombre que no solo utilizó sus conocimientos para modificar a la ciencia a partir de sus aportes en el campo de la física sino que también, montándose en la posición que su inteligencia le había dado, intentó transformar al mundo.

Aquella humorada que había pronunciado frente a su propia estatua contenía, a su vez, una sutil crítica a lo que el científico ya percibía como una excesiva ponderación de su propia persona. Es que, en efecto, tornar a Einstein un santo es quitarle parte de su genialidad2. Detrás del brillante científico y del activo militante por causas justas existió un hombre sujeto a dilemas morales en un tiempo (¿qué tiempo no?) en el cual no era fácil sustraerse de dicotomías políticas, ideológicas y religiosas. En muchas ocasiones Einstein debió nadar contra la corriente, en su disciplina y en general. Su física encontró, inicialmente, resistencia en el medio académico; su pacifismo durante la Primera Guerra Mundial lo puso en la vereda opuesta a la sociedad alemana y, también, frente a la comunidad científica de su país; su judaísmo lo configuró un objetivo del incipiente partido nazi; su defensa de los negros generó resquemor en la sociedad de Princeton; su lucha por el internacionalismo y sus definiciones socialistas lo llevaron a rozarse con el FBI. Pero Einstein –el científico y el hombre– siempre siguió hacia adelante, incluso cuando la barbarie nazi lo llevó a escribirle a Roosevelt para promover el plan nuclear en una decisión que, producto de la diversa ponderación de los peligros, lo confrontaría con su propio pacifismo.

En este breve trabajo intentaremos, en primer lugar, sistematizar la praxis política de Einstein en términos de relaciones internacionales y derechos civiles para luego, a partir de tal derrotero, comprender por qué su figura sigue siendo valiosa y su ejemplo debe ser replicado.

 

Una voz pacifista en medio de los estruendos de la I Guerra Mundial

1905 fue un año fundamental en la vida de Einstein y en el desarrollo de la ciencia moderna3. Es que en aquel año el niño problemático nacido en Ulm hacia 1879 se doctoró y publicó cuatro papers que orientarían, por decenios, el curso de los estudios sobre física. Ya en 1915 publicaría la Teoría de la Relatividad General, noción que atraería tanto admiración como críticas. Pero la ciencia no se desarrolla en el vacío y los diez años que separaron las mentadas publicaciones vieron como Europa avanzaba hacia una guerra que dejaría más de diez millones de muertos. Einstein vio, en efecto, como las ideas internacionalistas que profesaba se hacían añicos contra el chovinismo y el odio.

La Primera Guerra Mundial, en efecto, lo llevaría a su primera prueba en relación al pacifismo. Siguiendo la tendencia general, más de cien científicos alemanes –entre ellos su amigo Max Planck– firmaron un documento apoyando la iniciativa militar alemana. Einstein, junto a otros dos científicos, se opuso a signar el texto, generando, una vez más, resistencia en el medio académico y, también, en la población alemana encolumnada tras el esfuerzo militar. La defensa de la paz, para el científico, era natural e instintiva, casi irracional. Luego de la guerra afirmó, frente a estudiantes norteamericanos que lo visitaron en Berlín:

Mi pacifismo es un sentimiento instintivo, un sentimiento que me posee porque el asesinato de hombres es desagradable. Mi actitud no se deriva de ninguna teoría intelectual sino que se basa en mi más profunda antipatía hacia todo tipo de crueldad y odio. Debo ir más adelante para racionalizar esta reacción, pero eso sería realmente un pensamiento a posteriori4.

Pero la acción pacifista de Einstein no se limitó a los discursos. Aceptó la invitación de la Sociedad de las Naciones, organismo nacido luego de la Primera Guerra Mundial y orientado a fomentar la concordia entre las naciones para evitar nuevas guerras. Formó parte, a partir de 1922, de la Comisión Internacional de Cooperación Intelectual pero abandonó la institución porque, en sus palabras, el incipiente organismo multilateral no poseía ni la fuerza ni la voluntad política de llevar adelante la paz5.

El internacionalismo de Einstein le trajo problemas en la propia Argentina cuando visitó nuestro país en 1925. Ante la publicación de un artículo en La Prensa a favor de una Europa unida, Luis María Jordán, a cargo del Museo Escolar Sarmiento, escribió sobre el físico: “Pero este hombre que no cree en las patrias, que combate el sentimiento tradicionalista, y que niega el culto de los antepasados es el mismo que manifiesta ‘tener el honor’ de pertenecer a la colectividad judía”6. No hace falta aclarar que al chovinismo de Jordán se sumaba su inocultable antisemitismo. La mayor parte de la sociedad argentina lo recibió, sin embargo, con los brazos abiertos.

En 1932 y con los nubarrones del nazismo y de la guerra amenazando una vez, Einstein, aceptando una nueva invitación de la Sociedad de las Naciones, aceptó el pedido de la comisión, la cual le pidió que entablara diálogo con otro intelectual. El físico se decantó por otra luminaria de la época, Sigmund Freud. El intercambio epistolar quedaría plasmado en el libro Warum Krieg? (¿Por qué la guerra?). Allí Einstein reafirmaba su internacionalismo en un contexto, precisamente, donde los nacionalismos, en clave beligerante, se tornaban irrefrenables. Sostuvo, con claridad supina:

Dado que yo estoy libre de las tendencias nacionalistas, veo un único camino para lidiar con el aspecto exterior y organizacional del problema: el establecimiento, con consenso de los Estados, de un cuerpo legislativo y judicial que dirima cada conflicto entre las naciones7.

Pero ni las palabras de Einstein ni las de Freud detuvieron la tormenta. El nazismo, además, llevó a que ambos hombres, residentes en Berlín y Viena respectivamente, escaparan de sus ciudades por su condición de judíos. El padre del psicoanálisis lo haría a último momento, en 1938; el físico había abandonado Berlín seis años antes.

La llegada a los Estados Unidos y la lucha por la igualdad

Cuando la cantante negra Marian Anderson se presentó en el McCarter Theatre de Princeton con un éxito rotundo, el hotel Nassau Inn –exclusivo para blancos– se negó a alojarla. Ante la negativa, el premio Nobel de física la invitó a su casa dando comienzo a una amistad que duraría más de dos decenios8. Este pequeño acto no fue el único de Einstein en relación a la lucha por los derechos civiles de los negros. Su amistad con Paul Robeson, activo militante contra el racismo, es otro hito que marcó el pulso de sus actividades en los Estados Unidos9. Se mostró activo, también, contra los linchamientos; hecho que llevó al FBI a considerarlo, en sus archivos, un sujeto sospechoso10. La reacción del científico era, por lo demás, natural. Escapando, como judío, de la intolerancia del nazismo, encontró en la sociedad norteamericana un nivel de discriminación que le remitía, casi irremediablemente, al odio que promovía Hitler. Afirmó, luego de ponderar las virtudes de la democracia estadounidense:

Hay, sin embargo, un punto sombrío en la perspectiva social de los americanos. Su sentido de igualdad y dignidad humana está básicamente limitado a los hombres de piel blanca. Incluso entre estos hay prejuicios de los cuales, yo como judío, soy claramente consciente; pero ellos son poco importantes en comparación con la actitud de los “blancos” hacia sus conciudadanos de complexión más oscura, particularmente frente a los negros. Más americano me siento, más me duele esta situación. Solo puedo escapar del sentimiento de complicidad hablando claramente del tema11.

El científico, con sus palabras y sus actos, demostraba, una vez más, su compromiso con la sociedad. Lo hacía, incluso, ante el colectivo que lo había recibido, a riesgo de herir susceptibilidades –como efectivamente sucedió– y de exponer su propia posición de refugiado judío en la sociedad de Princeton. Pero la vida de quien con sus teorías había abierto el camino a las investigaciones atómicas tendría un tenso y complejo capítulo con el proyecto nuclear estadounidense.

Dilemas morales: la Segunda Guerra Mundial y la bomba atómica

Los críticos suelen colocar, frente al santificado Einstein, al individuo que abrió las puertas a la creación de armas nucleares. La acusación, sin dudas, es problemática. El científico, de hecho, generó las condiciones de posibilidad, con sus teorías, de obtener energía del átomo. Pero no fue él quien desarrolló la estrategia para hacerlo. El 2 de agosto de 1939, sin embargo, tomó una dura decisión: firmó, junto a Leò Szilard, una epístola dirigida al presidente de los Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt, alertando sobre los desarrollos atómicos alemanes e instando al país que lo había acogido a desarrollar un programa de armas nucleares12. No es este un ensayo destinado a justificar a Albert Einstein; tampoco a criticarlo. Debemos, no obstante, comprender a cada sujeto en su contexto. Así como la Teoría de la Relatividad enseñó al mundo que el estado del movimiento del observador, tanto temporal como espacial, impacta en la localización de los eventos físicos, debemos poner a Einstein en relación con sus coordenadas espaciotemporales.

El premio Nobel de física había escapado, en diciembre de 1932, de una Alemania cada vez más intolerante. Aquellos familiares y amigos judíos que habían permanecido en su vieja patria confirmaron a Einstein que su exilio no había sido una exageración. La ideología nazi no solo auguraba la marginalización de los judíos sino que empujaba al continente europeo, una vez más, a una guerra de proporciones apocalípticas. Einstein tuvo miedo; el judío, el ciudadano del mundo, el científico. Todos los valores en los que creía se encontraban amenazados por la previsible expansión alemana. El pacifista, entonces, cedió lugar al hombre práctico. Jerarquizó peligros. Dejó las nociones relativas de lado y pensó en el mal menor. No podemos juzgar si se equivocó o no (o podemos, pero no sería justo). Pero podemos tratar de entender por qué quien aborreció el odio y la crueldad impulsó un proyecto que creó el arma más mortífera de la humanidad. Al finalizar la guerra y luego de las detonaciones de Hiroshima y Nagasaki, Einstein explicaría con claridad su pensamiento:

Hemos ayudado a crear una nueva arma en el objetivo de prevenir que los enemigos de la humanidad la alcanzaran primero. Dada la mentalidad de los nazis, esto pudo haber traído tanto una destrucción incalculable como la esclavización de los pueblos del mundo13.

A partir de tal fecha, Einstein concentró sus esfuerzos en controlar el uso de armas nucleares, sin ahorrar críticas ni a Estados Unidos ni a la Unión Soviética. Tal compromiso lo llevó, una y otra vez, a dar discursos, proponer proyectos y realizar actividades con el fin de evitar lo que vislumbraba como una posible guerra nuclear, terminal para la humanidad. Tal vez el documento más acabado de esta lucha fue el manifiesto Einstein-Russell, firmado por el científico en su último año de vida. Lisa y llanamente, el texto alertaba a los líderes de las naciones que solo una gestión responsable y madura de los conflictos internacionales lograría la supervivencia de los ciudadanos14.

La idea de un gobierno mundial continuó siéndole atractiva. Hasta que las naciones no lograran una confianza mutua, la humanidad estaría en peligro. Sostuvo, al recibir un premio en los Estados Unidos:

Hay un solo camino para la paz y la seguridad: el camino de la organización supranacional. El armamento unilateral sobre bases nacionales solo aumenta la incerteza general y la confusión, sin llegar a ser una protección efectiva15.

Pero la Organización de las Naciones Unidas no alcanzaría a cubrir sus expectativas. La Guerra Fría no haría más que aumentar las tensiones entre las superpotencias y el mundo se vería sacudido, una y otra vez, por guerras. Einstein moriría el 18 de abril de 1955. Lamentablemente, para él, para nosotros y para nuestros hijos, el mundo no cambió demasiado.

¿Por qué Einstein hoy?

En la academia nos enseñan que los historiadores no podemos hacer historia contrafactual; que pensar en los if de la historia es un ejercicio inverosímil y ocioso. Lo que si podemos hacer al conmemorarse los 100 años de la publicación de la Teoría General de la Relatividad y los 90 años de la fundación de la Universidad Hebrea de Jerusalén y de la visita del gran científico a la Argentina16, es pensar no solo en su legado científico sino también en su posicionamiento frente a los problemáticas humanas de su época. El breve recorrido que hemos hecho sobre su vida en estas páginas muestra a las claras que si bien Einstein constituyó un conocimiento científico que cambiaría a la física, dejó una marca aún más profunda en la historia.

Quizás el primer ejemplo que deberíamos tomar de él es su compromiso con la realidad. Lejos de limitarse a un rol técnico que pudo haberlo mantenido distante de las problemáticas sociales asegurándole prestigio, prosperidad y bienestar, el experto mostró su lado humano arriesgando su propia posición en cada sociedad en la que vivió. Una y otra vez el físico puso en juego su comodidad personal para oponerse a las injusticias de su tiempo. Vimos, así, como se enfrentó a gran parte de la sociedad alemana al levantar las banderas de la paz durante la Primera Guerra Mundial. Criticó a la sociedad estadounidense que lo había investido con la ciudadanía cuando se opuso a la discriminación de los negros.

Impulsó, también, el internacionalismo en un mundo de nacionalismos y persecuciones ideológicas. Acostumbrados como estamos a profesionales que se limitan a hacer su trabajo y se desentienden de los problemas de la gente común, Albert Einstein debería ser un ejemplo para todos. No basta con hacer nuestro trabajo; debemos ir más allá, incluso arriesgando nuestras posiciones.

Hemos dicho aquí que no buscamos crear un santo. Observamos, de hecho, que la valentía y el compromiso de Einstein lo llevaron, en ocasiones, a tomar decisiones que contrastaron contra su propio sistema de ideas. Escribir al presidente de los Estados Unidos para que creara un programa nuclear fue una de tales decisiones. Hubiese sido más cómodo, tal vez, permanecer en el pacifismo y rechazar cualquier desarrollo tendiente a liberar, con fines bélicos, la energía del átomo. Pero el científico optó una vez más por lo que consideró la mejor alternativa para la humanidad. No sin dudas, con el miedo como motor y, paradójicamente, la paz como objetivo, escribió la carta. Lejos del estereotipo del científico aséptico aislado en sus estudios, Einstein siempre estuvo en la arena pública. Ello nos lo muestra, una vez más, humano.

El hombre detrás del científico soñó con un mundo más justo e igualitario. Las diferencias entre los individuos, así como también la desconfianza entre los Estados eran, en su perspectiva, absolutamente corrosivas para el desarrollo de la humanidad. Hombres y naciones debían respetarse, escucharse y comprenderse. Por estas ideas –en un mundo que no aprendió a ser pacífico y en sociedades que están lejos de ser igualitarias– pensamos en la necesidad de hombres como él. “Dios no juega a los dados”, dijo en más de una ocasión, en alusión a sus ideas sobre la física. Albert Einstein tampoco dejó nada librado al azar. Con su vida, de hecho, trató de hacer de su mundo uno mejor. Tal posición frente a la vida debe ser, a un centenario de su teoría científica más relevante, una guía para investigadores en particular pero, principalmente, para todas las personas que habitan esta tierra.

 

1.- I might have imagined that they could make a Jewish saint of me, but 1 never thought I'd become a Protestant one!. Todas las traducciones al español son propias. Texto tomado del New York Times (28 de diciembre de 1930). La anécdota es bien retratada por ISAACSON (2007:375-376) y OHANIAN (2008:293).

2.- Contra los peligros tanto de la santificación de Einstein como del ataque sin cuartel contra su persona, véase a NEIMAN (2008), quien resalta sus valores en contextos adversos.

3.- STACHEL (1905) lo llama, de hecho, “el año milagroso”. Los temas que trataban los cuatro artículos publicados eran: Efecto fotoeléctrico, movimiento browniano, relatividad especial y equivalencia masa – energía.

4.- My pacifism is an instinctive feeling, a feeling that possesses me because the murder of men is disgusting. My attitude is not derived from any intellectual theory but is based on my deepest antipathy to every kind of cruelty and hatred. I might go on to rationalize this reaction, but that would really be a posteriori thinking. Tomado de FRANK (1947:154).

5.- Sobre el tema, véase a ROWE – SCHULMANN (2007: 189-222).

6.- El pasaje es citado por Samuel Glusberg en su artículo “El nacionalismo contra Einstein”. Vale la pena recordar que, en ocasiones, Glusberg escribía bajo el seudónimo de Enrique Espinoza. Ver ESPINOZA (1932:136).

7.- EINSTEIN – FREUD (1933:5): Weil ich selber ein von Affekten nationaler Natur freier Mensch bin, erscheint mir die äußerbeziehungsweise organisatorische Seite des Problems einfach: die Staaten scharfen eine legislative und gerichtliche Behörde zur Schlichtung aller zwischen ihnen entstehenden Konflikte.

8.- Sobre el tema, véase a JEROME – TAYLOR (2005:42-43).

9.- JEROME – TAYLOR (2005:50-65; 122-128).

10.- Tal como indica Fred Jerome, más de 12 páginas del largo archivo que el FBI creó sobre las actividades de Einstein se dedicaron a sus actividades en la American Crusade to End Lynching. Véase a JEROME (2002:79-85).

11.- EINSTEIN, A., “The Negro Question” (1946): There is, however, a somber point in the social outlook of Americans. Their sense of equality and human dignity is mainly limited to men of white skins. Even among these there are prejudices of which I as a Jew am clearly conscious; but they are unimportant in comparison with the attitude of the "Whites" toward their fellow-citizens of darker complexion, particularly toward Negroes. The more I feel an American, the more this situation pains me. I can escape the feeling of complicity in it only by speaking out. Texto tomado de EINSTEIN (2011c:111).

12.- El documento se encuentra reproducido en FOX-KECK (2004:11-13).

13.- We helped create this new weapon in order to prevent the enemies of mankind from achieving it first; given the mentality of the Nazis, this could have brought about untold destruction as well as enslavement of the peoples of the world. Discurso pronunciado el 10 de diciembre de 1945. Texto tomado de EINSTEIN (2011a:66).

14.- Sobre el manifiesto Einstein-Russell véase a SCHWEBER (2008:91-96).

15.- There is only one path to peace and security: the path of supranational organization. One-sided armament on a national basis only heightens the general uncertainty and confusion without being an effective protection. Discurso pronunciado el 27 de abril de 1948. Texto tomado de EINSTEIN (2011c:122).

16.- Sobre la visita de Einstein a la Argentina, véase a GANGUI – ORTIZ (2006; 2008). Véase también, para crónicas cercanas a la fecha, ESPINOZA (1932:135-146; 1952: 109-121). Son muy bellos, en efecto, los relatos de Glusberg, sobre todo el publicado en La Nación el 16 de septiembre de 1934, rememorando la llegada del físico al país. Vale la pena citar algunas líneas: “Fue justamente del brazo de Lugones que vi al sabio por primera vez en la calle Florida. Volvían de la Facultad de Ingeniería acompañados de un grupo estudiantil más o menos bullanguero, al que se iban sumando numerosos transeúntes más sosegados. Muchas lindas mujeres detenidas al paso del improvisado cortejo me dieron la prueba inicial del eco simpático despertado por Einstein en la calle más frívola de la ciudad” (p. 110).