MARCOS AGUINIS:
NUEVO PARADIGMA DEL INTELECTUAL JUDÍO LATINOAMERICANO COMPROMETIDO

Por Prof. Leonardo Senkman
Director de Programas en Latinoamérica del Centro para la Enseñanza Universitaria de la Cultura Judía de la Universidad Hebrea de Jerusalem.

La decisión de la Universidad Hebrea de Jerusalem de conferir a Marcos Aguinis el Doctorado Honoris Causa jalona el compromiso intelectual con la causa de Israel del más conocido escritor judeo argentino contemporáneo.

Desde los primeros días de su llegada a Buenos Aires de la ciudad cordobesa de Río Cuarto forjé una gran amistad con Marcos, y admiré sus dotes intelectuales y capacidad de lucha por los derechos humanos durante los años aciagos de la última dictadura militar. En esa época fue limitada la circulación de sus libros, y me honró poder colaborar junto con Marcos en el valiente semanario judeoargentino Nueva Presencia, por invitación de su director Herman Schiller.
Nuestra generación de los años setenta ya habíamos valorado sus primeros escritos consagrados a la defensa de la dignidad judía y a la causa de Israel.

En 1983 fui testigo de su participación cívica durante los inicios del proceso de democratización de Argentina, cuando Marcos Aguinis fue designado Subsecretario y luego Secretario de Cultura de la Nación. Una de sus iniciativas más loables fue el Programa Nacional de Democratización de la Cultura, PRONDEC, que logró el apoyo de la UNESCO y de las Naciones Unidas. Por su obra fue nominado al Premio Educación para la Paz de la UNESCO.

Pero en este homenaje que ofrecemos hoy en la Universidad Hebrea de Jerusalem, organizado conjuntamente por el Centro Liwerant de Estudios de America Latina, España, Portugal y sus Comunidades Judías, el Departamento de Desarrollo y Relaciones Publicas con America Latina y el Departamento de Estudios Románicos y Latinoamericanos, me emociona presentar a nuestro homenajeado. Me referiré a un aspecto particular de su actuación y de su obra: Marcos Aguinis: nuevo paradigma de intelectual judeo-latinoamericano comprometido.

Por empezar, comprometido con su país y con su pueblo, articulando ciudadanía e identidad, pertenencia y diversidad cultural.
Los intelectuales judíos de la generación anterior hacían oír su voz o al margen de la historia y la cultura nacional o, por el contrario, al margen de la historia y la cultura judías. En cambio, el lugar de enunciación de la voz intelectual de Marcos Aguinis es la intersección del centro de su vida ciudadana y de sus vidas judías, el encuentro del espacio latinoamericano y los tiempos de la historia judía.

Hay otro rasgo peculiar en el discurso periodístico y en los libros de ensayo de Marcos Aguinis: su independencia respecto a cualquier centro de consagración teórica. Aguinis devino en un ineludible referente cultural de su país, y valiente defensor de la causa de Israel, a despecho de las críticas de otros ensayistas y escritores, muy atentos a las modas teóricas y a centros de poder. La palabra inequívoca, clara y transparente de Aguinis se diferencia de la de otros intelectuales que hablan permanentemente referenciando un universo de prestigio y autorizaciones provenientes de teorías surgidas de escuelas que tienen carta de circulación a nivel internacional. La claridad del discurso ensayístico y publicístico de Aguinis esta en las antípodas de la opacidad autoritaria de ese regodeo de abstracción del lenguaje que genera elites de iniciados en América Latina. Son los intelectuales de la periferia que se dejan seducir por el lenguaje de centros metropolitanos y se regocijan con una abstracción innecesaria, enunciando un discurso endogámico en donde el mundo exterior queda velado.
Una de las facetas retóricas que más valoro en Marcos Aguinis es su rechazo al uso de jergas, su lealtad incanjeable a su propia palabra para nombrar a los otros, tanto sus adversarios como a sus aliados. Sabemos que detrás de las jergas hay siempre un nombre de prestigio, detrás del cual se amparan numerosos intelectuales por el temor a la soledad teórica, por miedo a pronunciar una palabra propia, prefiriendo un repertorio de términos y conceptos autorizantes sin pensar en el objeto -el texto, el discurso de la cultura- que es lo central de su tarea.
Aguinis, por el contrario, adoptó desde siempre una ética de la crítica para manejarse tanto con la cultura periférica latinoamericana como para diferenciarse del crítico de las culturas metropolitanas.
Nuestro escritor homenajeado conoce bien ambos campos semánticos, ambos discursos culturales, el latinoamericano y el euro-americano, por eso sabe ser doblemente crítico: porque desde su perspectiva de análisis en el sur latinoamericano debe medirse no sólo con las abstracciones de los consagrados circuitos intelectuales del norte, sino con la complejidad de la cultura y discursos marcados, entre otros, por la heterogeneidad de sus configuraciones discursivas, el populismo político, y la subalternidad de las palabras generadas desde una periferia que Aguinis denominó con títulos de varios ensayos ya antológicos: Un país de novela. Viaje hacia la mentalidad de los argentinos (1988); El atroz encanto de ser argentinos (2001 y 2007); ¡Pobre Patria mía! (2009).

La obra literaria y ensayística de Aguinis esta atravesada por una idea fuerza que la resumiría así: el profundo deseo de reconocimiento de sus personajes –reales e imaginarios-, una voluntad de reconocimiento de aquellos personajes que nacieron de la desdicha del menosprecio. Son las formas no violentas del reconocimiento que se plasman en la obra de Aguinis confrontándola con la forma conflictiva de la denegación del reconocimiento, vinculados a sentimientos como la vergüenza, la cólera, la indignación, la revuelta.

En su condición de judío argentino, Aguinis fue pionero en el planteamiento intelectual de varios temas cruciales. Marcos fue el primero que desde su natal ciudad de Río Cuarto publicó un ensayo emblemático: La cuestión judía vista desde el Tercer Mundo (1974), una reflexión desde la periferia.

En 1970, la voluntad de reconocimiento, nacida de la desdicha del otro, condujo a Aguinis a publicar La cruz invertida, primera novela que anticipa la teología cristiana de la liberación: ese texto fundacional lo consagró con el Premio Planeta como un novelista best seller comprometido en toda Iberoamérica; la otra novela pionera sobre el reconocimiento fue Refugiados: crónica de un palestino, texto narrativo de 1969 cuando aún no se había escrito sobre este tema conflictivo en la literatura latinoamericana.

Pero la novelística de Aguinis se hizo notoria por haber abordado, además, dos temas fundamentales del pasado ignominioso sufrido por el pueblo judío: La Inquisición en América, y el Nazismo en Europa. La gesta del marrano (1991) no sólo es la novela histórica del marranismo perseguido por la Iglesia en América; también es el relato del odio a sí mismo de algunos cristianos nuevos: la gesta de Francisco Maldonado da Silva se transforma en paradigma literario de todos los oprimidos americanos para emprender el viaje desde el olvido a la memoria, desde la negación a la asunción de la propia identidad colectiva, de cara al oscurantismo, la intolerancia y la exclusión.
La otra novela histórica, La matriz del infierno (1997), ficcionaliza la conducta patológica del joven germano-argentino Rolf Keiper durante los años treinta antes de la Segunda Guerra Mundial y de la Solución Final, y se lee como acta de acusación contra los cómplices del ascenso del nazismo en Alemana, en Inglaterra, pero también en la Argentina de la Década Infame. Novela histórica que procura narrar, contrapunstísicamente, la matriz generadora de un mal radical el cual habría nutrido la impunidad del nazismo en dos ciudades paradigmáticas de los años treinta: Berlín y Buenos Aires. El autor aborda la indiferencia y la complicidad con el mal radical que permaneció impune en importantes sectores de la sociedad argentina, desde los nacionalistas hasta la Iglesia.

En la obra de Aguinis la critica al autoritarismo y al dogmatismo de la Iglesia constituyen dos núcleos inseparables, pero sin caer en el maniqueísmo. Recordemos que el mismo autor que escribió implacablemente contra la violencia y la complicidad de la Iglesia en La gesta del marrano y en La matriz del infierno, es el autor de La Cruz Invertida y de los Diálogos sobre la Argentina y el fin del milenio, junto con Monseñor Laguna. (1996).
Y recordemos , además, de que el mismo autor crítico del autoritarismo del Ejercito en Carta esperanzada a un General durante el inicio de la transición democrática escribirá en 1996 Nueva carta esperanzada a un General,advirtiendo de la necesidad de terminar con el divorcio en Argentina entre sociedad civil y fuerzas armadas democráticas.

Finalmente, Aguinis intelectual mediático devino en la versión argentina de un nuevo Emile Zola para acusar a los demonizadores del Estado de Israel y del sionismo.
Nadie mejor que Aguinis ha logrado deconstruir el discurso de la violencia simbólica que esconde la retórica del antisionismo con que se ataca a Israel, pretextando criticar su política exterior y de seguridad.
Algunos títulos de las ya celebres réplicas de Aguinis son mas elocuentes que cualquier intento oficial de “Hasbará”: A título de ejemplos, cito dos textos de amplia circulación: “Israel, judía entre las naciones, ahora condensa el milenario odio hacia los judíos y es tratada con el mismo consciente o inconsciente prejuicio. Siempre es culpable”.

El otro ejemplo de retórica demistificadora de Aguinis es el articulo: “Israel quiso ser Atenas y la obligan a portarse como Esparta”.

Pero no deseo prolongar más tiempo mi presentación sobre este tópico: mejor es escuchar la palabra de Marcos Aguinis en la conferencia que tituló, simbólicamente: Si te olvidare, oh Jerusalem!

 
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